Con nueve años seguía meandose aun en la cama, su madre, estaba desesperada ya que los médicos solo la decían que la razón era que su hijo era impulsivo. Su padre, se reía diciéndole que era un mariquita y a Zarco le dolía mucho aquello, pues notaba en su padre un odio hacia el por algo que no podía controlar, tenia un problema, y ese problema le hacia sentirse asqueroso. Sin embargo, por las noches le pasaba algo que no entendía ni encontraba significado y justamente antes de meterse en su habitación volvía a recordar.
Por las noches, hiciera frió o calor, cuando todo estaba negro y a oscuras, el estaba obligado a hacerlo y para el era algo normal, un sufrimiento que tomaba forma ya de rutina o como tradición personal. Zarco, se metía en la cama y se tapaba todo cuanto podía, dejando únicamente al aire su nariz y colocaba la cara completamente aferrada contra la almohada, después de conseguir no dejar ni una parte de su cuerpo fuera de las sabanas era cuando le decía a su madre que estaba preparado para que le apagase la luz. Su madre lo hacia placidamente, pero sabía perfectamente que su niño se ponía a llorar sino cumplía el pacto con el de cada noche: – Mama, hasta que no te avise no me apagues la luz por favor… -. Después de este ritual necesario, el muchacho se bloqueaba en la cama de una manera absolutamente exagerada, luchaba por no mover ni un músculo de su cuerpo, respirar lo mas bajito posible y sobre todo nunca abrir los ojos, eso jamás, estaba prohibido. Esto le llevaba a dormir muy poco, porque se ponía muy nervioso pensando que podría haber echo mal algún paso y se había quedado destapado por algún lado, también conllevaba tener como costumbre sudar como un pollo, y por supuesto, que la única manera de poder moverse de nuevo era con presencia de la luz, sin ella, debía parecer un muerto. Muchas noches no aguantaba mas, y llamaba a su madre para que encendiera la luz de su cuarto, aprovechando rápidamente para moverse y volver a su estado vegetal de nuevo. El no entendía muy bien el porque, ni se lo preguntaba, simplemente era algo que debía de hacer y por lo tanto, no solo no podía dormir nunca en casa de nadie por la sencilla razón de que casi siempre mojaba la cama. Ante su madre, cuando esta necesitaba que su niño se quedara a dormir en algún lugar, la excusa de Zarco era siempre efectiva…: -Mama, sabes que me hago pis y…-, no le importaba que su padre le mirara con desprecio, porque en el fondo, siempre se moría de miedo cuando se imaginaba a oscuras sin estar completamente preparado.
......
(segunda parte)


